lunes, mayo 10, 2021

VOLUME TWO 108: BILL EVANS


El jazz tiene monstruos y héroes, tanto fracaso como gloria en las páginas de oro de su historial. Vende bien las huellas de sordidez. Explota sus miserias, biografías que terminan en la autodestrucción y la ruina. Deja hermosos cadáveres (Baker, Parker, Morgan, Pepper, Davis) detrás de música prodigiosa, intérpretes que no parecen de este mundo, que no parecen humanos. Hoy es turno de Bill Evans. Un bicho raro extraordinario. Encogido ante su piano, entre la reverencia y la obsesión, tocaba como si entregase la vida al instrumento, como si le confesara sus miedos. Tenía mucho de siniestro este hombre: apenas sonreía en las fotos, dirías que es un tipo siniestro y enfermo, un genio callado e incomprensible. Su obra desprende una belleza triste y sobrecogedora. Escuchen Everybody digs, Walts for Debby, Explorations o Undercurrent, para empezar. Busquen el documental Bill Evans. Time remembered.

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