El presente.
Una entrega nueva de Playing for Change, esa fundación que hace de la música una herramienta para el cambio a través de la interpretación conjunta en distintas esquinas del mundo de una canción de esas que todo el mundo conoce, un himno que enlaza culturas y une territorios en un planeta que busca sus oportunidades. Esta vez es Riders on the storm, con sus dos supervivientes al mando de sus instrumentos, nativos americanos, Don Was, algunos hermanos Nelson, música en Senegal, Argentina, Cuba, Brasil, un rincón de Galicia y la voz recuperado del mismísimo Jim Morrison.
El pasado.
Riders on the storm fue mi bautismo con The Doors. Su atmósfera tenebrosa me sedujo en un capítulo de aquella maravillosa serie, Aquellos Maravillosos Años. Enseguida llegaron los discos, la película, libros sobre Morrison y su banda. Una fiebre de descubrimiento camino de la madurez. Me veo eufórico y fascinado en aquel tiempo. Los Doors eran lo mejor. Todavía lo pienso cuando sus jinetes penetran en el corazón de una tormenta.
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