Hace más de 30 años vi una película con unos amigos, una comedia tonta con personajes tontos con las que nos echamos unas risas tontas, alguna carcajada generosa. Para siempre quedaron un par de escenas, el gesto estúpido de un personaje y una contestación brutal de otro. Hoy he vuelto a ver esa película. Recordaba aquella contestación y lo mucho que un amigo y yo nos retorcimos de risa en aquel momento, repitiendo las mismas palabras del personaje varias veces en los días siguientes. "Nooooo, ni me impoooorta".
Mi hijo se ha reído tanto al llegar a ese instante de la película como yo hace tres décadas. Y también ha repetido la frase unas cuantas veces antes de irse a la cama. Qué bien se lo pasó. Qué bien me lo pasé yo viendo de nuevo una película tonta de esas que tanto se agradecen en ciertos momentos. No, no te atrevas a decir que son malas películas, te hacen pasar un rato estupendo (más que las batallas revolucionarias). Con una parte de ellas te quedas para siempre. Dos tontos muy tontos.




