
Creo no exagerar cuando los 9 minutos 39 segundos de Nobody girl te sumergen en un océano de emoción creciente, una atracción de feria musical que comienza con un suave balanceo y culmina en la cima del clímax hasta que las voces y los instrumentos acaban callándose. Adams le canta a una chica a quien nadie conoce, a quien nadie observa cuando se marcha, la chica de nadie. La guitarra acústica va presentando la canción y al personaje y a los tres minutos y medio, cuando irrumpe el primer estribillo y se entrelazan un par de eléctricas, se intuye que el tema tendrá algo más tarde un estallido superior. Lo alcanza cuando las guitarras vuelven a formar otro remolino y cada músico, después de un breve tramo con tibio órgano hammond incluido, llega a su propio éxtasis. Allí en el bar te llevas las manos a unos instrumentos invisibles. Pues eso, impresionante.
2 comentarios:
Sin duda una enorme canción, una de esas que necesito reescuchar cada de vez en cuando. 10.
Así es.
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