sábado, abril 26, 2014

VOLUME TWO 65: EL SUEÑO DE UN HIPPIE… NEIL YOUNG



Las memorias de Neil Young, vivencias, recuerdos, pasiones y reflexiones, están narradas con la singular coherencia con que transcurre su carrera musical, agitada por el viento de la libertad. Cuando a Neil le apetece meter ruido improvisa con sus Crazy Horse, cuando prefiere descansar en una pradera su acústica y su harmónica son una delicia. Pues este libro es igual: lo que escribe Neil lo hace a su libre albedrío, saltando en el tiempo, hablando ahora de sus hijos y a continuación de sus coches, luego de sus años con Buffalo Springfield y después de su obsesión por crear un sonido de reproducción musical perfecto. Más tarde vuelve a los coches, a sus hijos y a sus mujeres, o a su granja, a Hawai, a los amigos más cercanos (Ben Keith, David Briggs, Larry Johnson, Elliot Roberts), a Buffalo y CSN, a Canadá, a la marihuana o a la enfermedad y la muerte que son parte de la vida. En ese aparente caos está su propio orden. Y así aprendes a querer a Mr. Neil Young.

No ha sido la primera vez que buceo en su vida, ya había leído una buena biografía de Ignacio Juliá hace años. Ahora quería leer sobre su vida y su música a través de sus propias palabras. Empezó a escribir las memorias hace poco, antes de esa doble ración que fue Americana y Psychedelic pill, él dice que estaba atascado, que no componía, que había dejado de beber y de fumar. Neil escribe como siente, sencillo, a veces tosco, se repite, pero es auténtico y agradecido, como su música, incluso cuando ha patinado de lo lindo. Pero esa música es un legado magistral, una parte bien gloriosa de la historia del rock. De nuestra historia. O al menos de la mía.

Gracias Neil. Keep on rockin’ in the free world.

LIFE LIVE


La vida está ahí, en directo, palpitando, y hay que agarrarse a ella, vivirla como mejor sepas y mejor puedas. Si recibes un golpe, lo devuelves. Si caes, te levantas. Después de la madrugada se enciende el amanecer. Lo que hoy duele, mañana cura. Y si tienes a alguien a tu lado, mejor, mucho mejor. Yo… siempre estaré ahí. Y como dicen esos chicos con sus guitarras, I’m still alive, ye ye ye ye yeah!

lunes, abril 21, 2014

LEISZ


Greg Leisz.

Estoy leyendo las memorias de un admirado músico, como suelo hacer cada año. No, no es Greg Leisz, aunque me gustaría. Quizá las haya en alguna librería americana, o quizá se escriban y se vendan dentro de algunos años. Apuesto a que sus casi 30 años de carrera son tan apasionantes como los casi 50 que suman otros. Porque las guitarras (eléctricas, acústicas, dobros, mandolinas, steel guitars, lap y pedal steel guitars y slide guitars) de Greg Leisz han pasado por multitud de discos, por una veintena cada año desde mediados de los ochenta. Las anécdotas y las horas de estudio y carretera que este hombre ha pasado junto a gente como Eric Clapton, Emmylou Harris, Joni Mitchel, Aaron Neville, Bill Frisell, Ryan Adams, Willie Nelson, Madeleine Peyroux, Dave Alvin, Amos Lee, Joe Cocker, T Bone Burnett… y me quedo muy corto (hasta tocó con Mikel Erentxun y Revólver), bien merecen una autobiografía de lujo. Puede que algún día.

viernes, abril 18, 2014

VOLUME ONE 325: HOLY GHOST (MARC FORD)


Oh qué bien suena esto. Canciones bien definidas, música precisa y un eco de añoranza en la huella sonora que estampa una interpretación tranquila y honrada. ¿Qué me podía esperar de Marc Ford? Algo bien hecho, eso seguro, y esto que tienes delante está muy pero que muy bien hecho. Holy Ghost (Naim, 2014), el cuarto álbum del fantástico ex Black Crowes y escudero de Ben Harper en algunas giras, es mercancía delicada, hecha con mimo y para ser mimada.

En el primer día que le he dedicado he constatado dos cosas: que Ford es un gran guitarrista, algo que no descubro, pero en lo que me regocijo al fijarme en la elocuencia justa que tienen sus cuerdas, sublimes cuando parecen llorar en algún tema; y que me acuerdo de los Jackson Browne, Randy Newman o Billy Joel de los años setenta cuando paladeo el tono melancólico que tiene este disco. Hay grandes canciones además, como Dancing shoes, Call me faithful o In you, de momento el temazo de este año.

Nota: 8/10

miércoles, abril 16, 2014

BONUS TRACK 129: DIAMONDS ON THE INSIDE (BEN HARPER)


“Cada canción es de un color, parece que la firma un músico diferente”. Fue este el primer comentario que recibí de Diamonds on the inside, una impresión bastante acertada. Acababa de publicarse el disco, en marzo de 2003, y yo no era muy de Ben Harper. Afiné mi oído, recuperé trabajos anteriores y le dediqué concentración a sus relucientes diamantes. “Una canción de cada color”… Puede ser, porque Ben es un tío grande, muy grande. Hábil en la composición, intenso en la interpretación, unas veces sutil en la creación de ambientes, otras veces fiero y pasional. Diamonds es un señor disco en el que Harper, sin los Innocent Criminals en la firma pero con alguno de ellos echando una mano, canta, compone, produce y toca casi todos los instrumentos. Pasado el tiempo, persisten canciones gloriosas como With my own two hands o Amen Omen, y se redescubren otras tan altas como When it’s good o Touch from your lust. Lo dicho, un álbum pletórico.

domingo, abril 13, 2014

SOUNDTRACK 149: STANDING IN THE SHADOWS OF MOTOWN


Este documental de la BBC cede un puesto de honor a quienes ocupan una plaza más deslucida, pero de enorme importancia, en la segunda fila. Sin ellos, los músicos que estaban en las sombras de las grabaciones y actuaciones, los que no siempre aparecían en los créditos, no habrían deslumbrado tanto ni llegado tan lejos los éxitos maravillosos de la Motown. Estuvieron más de doce años dándole ritmo a las joyas sagradas de la ciudad del motor. Contratados por Berry Gordy a finales de los años cincuenta, los llamados Funk Brothers aparecieron en un sinfín de canciones de artistas de la talla de Marvin Gaye, Martha Reeves, Stevie Wonder, The Supremes o The Temptations. Bajistas, guitarristas, percusionistas, teclistas, músicos de viento… una veintena de ellos, que reaparecieron en 2002, tras muchos años sin tocar, para grabar este documental dirigido por Paul Justman.

Con la misma frescura con la que tiempo atrás participaron en numerosas actuaciones de las estrellas de la casa, agarran de nuevo sus instrumentos en Standing in the shadows of Motown para volver a interpretar sus piezas más reconocibles, algunas junto a músicos contemporáneos como Ben Harper, Joan Orborne o Me’Shell Ndegeocello. Un lujazo ver este film y escuchar su banda sonora. A veces… lo pienso tan a menudo… no hay mejor música que esta.

jueves, abril 10, 2014

VOLUME ONE 324: DO TO THE BEAST (THE AFGHAN WHIGS)

Este no es un regreso discreto ni ramplón, es una vuelta más bien modesta sin pompa ni estruendo que no precisa de maquillajes para resultar atractiva. Desconozco las causas de esta reunión de los Afghan Whigs, quiero pensar que sintieron la necesidad de volver a fabricar en su séptimo disco ese rock profundamente emocional que les caracteriza 16 años después de su anterior álbum. Y lo consiguen. Confieso mi debilidad. Con Do to the beast (Sub Pop, 2014) aún son muy capaces de conmoverme (con un acorde, una percusión, un susurro, un guitarrazo…) sin separarse demasiado de su esencia reconocible.

Ahora son más personal, un sexteto liderado por Greg Dulli, un tipo que compensa sus limitaciones como vocalista con un sorprendente talento compositivo y un carisma distante en apariencia pero de calado profundo. Fui testigo de ello en el Electric Ballroom de Candem, hace tres años, al frente de Twilight Singers. Siempre he visto a Dulli como un cantante de soul acomodado en una banda de rock. Tiene la voz más gastada que nunca, pero la retuerce, la arruga, la falsea, gime, susurra y la extiende. Y la banda… pues con mucha presencia, clima y contundencia. Gran disco este Do to the beast, con temas estupendos como Matamoros, The lottery, Can Rova, Royal cream. Yo, contento de volver a oírlos.

Nota: 8/10

domingo, abril 06, 2014

SOUNDTRACK 148: THE WIRE, 5ª Y FINAL


De un lado y de otro he oído y leído que The Wire es la mejor serie de televisión. No me atreveré a ratificar tal juicio porque series hay miles, y espectadores, gustos y valoraciones hay infinitas. Yo tengo mis series favoritas, unas cuantas (y si tuviera tiempo para ver más, apuesto a que engordaría la lista), y desde luego The Wire está entre ellas. No diré por tanto que es la mejor, pero sí que es una obra prodigiosa que trasciende de los límites de la televisión, una serie cruda y descorazonadora que se te queda en las tripas crujiendo sin poder digerir más bocado, una serie sobrecogedora en su fondo y brillante en su forma. Sublime. La hostia.

A mediados de 2010 dejé inconclusa The Wire. Acababa de ver la cuarta temporada, la que incide en las miserias del sistema educativo de Baltimore mientras las mafias aún dominan las esquinas, los policías pierden presupuesto para cumplir con su trabajo y los jóvenes políticos venden sus ideales para acomodarse a cualquier precio en las instituciones. Entusiasmado como siempre al finalizar cada temporada (cada episodio en realidad), me propuse no tardar en enfilar la recta final, en la que sabía que la prensa tendría un protagonismo capital. Pero mi vida encaró otros caminos, me trasladé a otro país durante medio año y luego regresé; seguí trabajando, enlacé nuevas experiencias, nuevas series de televisión también. Y hace poco me dije que no podía tardar más con The Wire y al fin la terminé.

He sentido que no ha pasado tanto tiempo, que todos sus personajes y sus historias entrecruzadas con aplastante naturalidad, dejándote siempre en el filo de la indignación o al borde del desaliento, me han estado esperando, a pesar de que la serie dejó de emitirse hace seis años. McNulty, Bubbles, Carv, Prop Joe, Bunk, Lester, Daniels, Kima, el puto Marlo, Chris y Snoop, Omar… Y he vuelto a disfrutar, pese al desencanto de su huella, con la terrible Baltimore y sus esquinas ruinosas, el imperio de crimen y el vicio del poder extendiéndose por las venas de una sociedad que huele a podredumbre y decepción. ¿Obra maestra? Diría que sí.

sábado, abril 05, 2014

BONUS TRACK 128: KNUCKLE DOWN (ANI DIFRANCO)


Aunque te defrauden alguna vez, las/los mejores en el fondo nunca fallan. Los años te dicen estas verdades. Ahí están para volver siempre a ellas/ellos y que te despejen la cabeza o te dejen con la boca abierta y el corazón temblando, para que navegues en el mismo barco. Ani es de las mejores. Y eso no lo proclama solo el cariño que le tengo, lo apoya la firmeza de una trayectoria independiente y arriesgada, con altibajos pero coherente, y sobre todo lo mucho que he disfrutado de parte de sus discos y otra mayor parte de sus canciones (y tiene para hacer una larga caravana), además de la energía y convicción con la que esta mujer se deja las tripas en su música.

Al grano. En 2005 firmó su último gran álbum, Knuckle down, un trabajo con el que, haciendo honor al título, se puso las pilas, se puso seria. Venía de encadenar discos erráticos (Educated guess), discretos (Revelling:Reckoning) o correctos (Evolve). Entonces se dejó poner en manos de un productor ajeno, Joe Henry, que extrajo del ardor íntimo de su música un clima más temperamental y unas texturas más brumosas, ropa de abrigo con forraje de terciopelo. Así salieron cortes magníficos como Studying stones, Manhole, Lag time o Recoil. Desde Knuckle down, Ani DiFranco ha entregado trabajos que están bien, pero ninguno tan redondo como este.

viernes, abril 04, 2014

GREATEST HITS 160: SUN SONG (LAURA VEIRS)


La canción del sol. Un título así merece una canción radiante, y Sun song, con la voz juvenil y la música transparente de Laura Veirs, lo es. Así arranca su hermoso Warp & Weft, obra del año pasado. Es dejar que gire el disco y hacerlo sonar hasta el final. Así entra Laura en los años de su maternidad, un nuevo reto aventurero para unos y para otros. Para todos.

jueves, abril 03, 2014

VOLUME ONE 323: FRAGILE (BO RAMSEY)


En los créditos de un precioso y evocador disco como Essence, de Lucinda Williams, aparece este nombre, este hombre con guitarra eléctrica, slide y producción en los encargos, Bo Ramsey. También contribuía en el también estupendo Car wheels on a gravel road. Es fácil perderle la pista a este músico de Iowa. Tiene pocos discos a su nombre o con banda y en aquellos en los que ha participado, apoya o produce a artistas americanos que, la gran mayoría, se me escapan. Recuerdo que hace años me gustó Stranger blues. Ahora llego un poco tarde a este Fragile (CD Baby, 2008), pero aquí lo traigo para quitarle el velo y darle un poco de luz. La merece. Disco placentero, de los dejarse mecer, climas áridos y motores a media potencia. Canta suave Bo, y su guitarra burbujea en una atmósfera que atrae a la de Essence. Toda una garantía.

Nota: 7,5/10